3 marzo 2009

FAUSTO COPPI Y GINO BARTALI

Se disputaba el Tour de Francia de 1949. Era el 11 de julio y sobre la cadena pirenaica caía un sol abrasador. En la ascensión al Aubisque el calor era insoportable. En primera posición, destacado, subía Apo Lazaridés. Tras él, a varios minutos, Fausto Coppi y Gino Bartali se debatían en silencio contra las duras rampas, el calor y… su rivalidad mutua. Los motores de los coches seguidores, jadeaban casi impotentes para soportar los desniveles y las elevadas temperaturas. Fausto y Gino sólo escuchaban el ritmo acelerado de su propia respiración y el lento rodar de sus máquinas sobre la gravilla. Un silencio perfecto acompañaba el forzado discurrir de los dos campeones en su lucha titánica por alejarse del valle. Coppi y Bartali habían colocado bajo su gorra unas hojas de lechuga empapadas para sentir la ilusión de un frescor imposible.

Antes de llegar a las rampas más duras, “El Monje Volador” había intentado distanciar a “Il Campeonissimo” sin conseguirlo. Sus violentos demarrages se habían estrellado contra la fortaleza monolítica de un Fausto en plenitud. En el alma de Gino comenzaba a traducirse la impaciencia, la impotencia, casi el miedo ante la posibilidad que Coppi fuera a marcharse solo. Al afrontar las rampas más violentas de la ascensión, en el rostro de cuero de Bartali y, sobre todo, en sus ojos se veían las huellas del miedo, de la sed, de la impotencia. Un destello febril de desesperación centelleaba en la mirada en la mirada del veterano campeón. En este trance, Coppi echó mano de su bidón y en la mente de Gino se agotó por un instante el último rescoldo de esperanza: “Fausto se va a marchar solo. En cuanto se tome la poca agua que le queda se marchará y no podré responder a su ataque. No me queda una gota de agua y tengo una sed insoportable. Me va a dejar en ridículo.” Fausto, que había comprendido el trance casi agónico de su eterno rival, de su querido camarada, de su perenne amigo, tuvo uno de los gestos más caballerescos que recuerda la historia del ciclismo de todos los tiempos:

Toma, Gino, bebe.

Nota.- Este pasaje de la historia del ciclismo lo saque de un libro escrito por Simón Rufo, titulado “Campeones” y, siempre ha sido mi ideología de lo que es el deporte en sí: camaradería y amistad ante cualquier otra cosa. Solamente en el ciclismo se pueden dar estar circunstancias.

 

Subiendo Hoz de Jaca. Terrible

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